Décima Obra: MacDollar

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MACDOLLAR
Directed By Xavier Vidal de las Heras

REPARTO

REALIDAD
Roger Príncep como SIMON
Mathieu Amalric como MAT
Emmanuelle Devos como EMMA
Anne Cosigny como ANNE
Ludivine Sagnier como LANA
Elle Faning como CAMILLE

FICCIÓN
Benoît Magimel como MACDOLLAR
Virginie Ledoyen como MISSDOLLAR
Audrey Tatou como LADYBEAU
Catherine Deneuve PÉCORA
Roger Príncep como LITTLEMACDOLLAR
MÚSICA

March, de John Williams (Indiana Jones B.S.O.)
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Prólogo

Spiderman them, de Danny Elfman (Spiderman 1 B.S.O.)
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Lucha final entre Macdollar y Pécora

Superman theme, de John Williams (Superman B.S.O.)
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Día a día de Mat (desde el metro hasta MacParis Corporation)

Jaws theme, de John Williams (Tiburón B.S.O.)
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Carrera por París entre Mat y Emma hasta que Simon salta al coche de Lana

Star wars theme, de John Williams (La guerra de las galaxias B.S.O.)
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Día a día de Simón (desde que sale del piso hasta que la profesora le entrega el examen con un 10)

CANCIÓN

Holding out of a hero, de Bonnie Tyler
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Títulos de crédito
PRÓLOGO

Aparece en pantalla la portada de un cómic viejo, pelado por las puntas y un tanto descolorido. Brillan unas palabras bordadas en oro: MACDOLLAR. El lomo se abre y vemos viñetas de cómic que, de golpe, se convierten en fotogramas, en una historia.

Oímos la voz de Anne:
En el siglo XXII, París estará cubierta por agua, contaminada de principio a fin, muerta. Pero habrá un héroe, Macdollar, capaz de salvar la capital gala de la catástrofe.

Vemos a Macdollar enfundado en un vestido de mallas y colores chillones sobrevolando un escenario apocalíptico. Se oyen sirenas, choques de coches, gritos, la chispa de algunos incendios y rascacielos medio derribados. La narradora prosigue.

Macdollar vive en lo alto de la Torre Eiffel, ahora reconvertido en un improvisado centro de operaciones. Mediante un complejo sistema informático, Macdollar vigila día y noche la ciudad, salvaguardándola de piratas y viles cazarecompensas. Oímos la melodía de Indiana Jones.

Vemos a Macdollar dominando un panel de control lleno de teclas, palancas y lucecitas. Lleva gafas, pinganillo y un casco por el que habla. Oímos su voz: -Aguanta, ¡allá voy!

Pero Macdollar tiene una eterna enemiga, la aliada del caos, el peor de los monstruos.

Macdollar ha sobrevolado la ciudad y su capa roja se detiene en el centro de la villa. Una mujer pide ayuda: una bomba ha detonado y una casa amenaza en derruirse. Macdollar gira la cabeza y observa un ser mitológico, medio mujer medio pulpo. –¡Oh, es Pécora!- dice el héroe mientras Pécora, escondida entre las aguas, ríe con una expresión malvada.

Es Pécora, el animal que aterra la ciudad con sus malas artes. Es un gran enemigo y, por ello, Macdollar tiene ayuda extra.

Macdollar entra en el edificio y observa como Missdollar, ataviada con un traje similar al suyo, ayuda la mujer a salir de la estructura agonizante. Mientras salen, la voz de Anne prosigue.

Missdollar ayuda siempre que puede a su esposo. Ambos forman un equipo indestructible que la ciudad premia y aplaude con cada una de sus gestas.

La pareja deja la mujer en la calle, ya ha salvo. Pécora ha desaparecido y los héroes vuelan, vuelven a su casa: la punta de la mítica torre de hierro. Con el narrador, vemos cómo avanza la vida de nuestros protagonistas:

Todo parecía controlado y feliz en casa de los Dollar. Missdollar tuvo un hijo, la fuerza de Macdollar estaba en su cénit y Pécora estaba cansada de sembrar el pánico entre los humanos. Pero un día Missdollar desapareció con el bebé, creyendo que Macdollar se había enamorado de Ladybeau, su ayudante. Ladybeau fotografiaba las heroicidades de Macdollar y, a cada fotografía, el amor de Missdollar se helaba, a la par que aumentaban sus celos. Ahora Macdollar está solo, no come, sus músculos han mermado y la ciudad vuelve a estar al borde del abismo.

Vemos toda la historia. Macdollar está en lo alto de la Torre Eiffel, llorando cabizbajo, ya sin fuerza. Su cama está vacía y una cuna se balancea sin el bebé de siempre. La luna aparece y todo se llena de oscuridad, incluso las luces del panel de control lucen sombrías, afectadas por la tristeza de su amo. La pantalla se funde en negro… y volvemos a la realidad.




Está amaneciendo en el París del 2010. Un despertador se despierta y Mat (Mathieu Amalric), que se despereza, pega un golpe al aparato. La furia del gesto es brutal: el despertador cae hecho trizas por el suelo del dormitorio. Desde la ventana observamos la silueta cónica de la Torre Eiffel. Mat se levanta de un salto, mira su cara en el espejo, se lava los dientes e improvisa un baile sin música. Vuelve el narrador, esta vez con la voz de Simon, el hijo de Mat, que desayuna en la cocina del piso:

Desde que se fue Missdollar, Macdollar está triste. Ha destruido todos los trajes que le caracterizaban (vemos cómo Mat tira camisas, pantalones y corbatas por la ventana y destroza con un martillo el mueble ropero), está desanimado (Mat nos habla a cámara: “los próximos meses, quizás años, beberé cerveza, fumaré, follaré y miraré reality shows”) y no quiere trabajar (Mat se dirige a la cocina y dice a su hijo Simón: “Ve solo al colegio: me han despedido”).
- No puede ser… debes acompañarme… si no mamá se enfadará- dice Simón mientras recoge botellas de vino y latas de cerveza vacías, además de bolsas de patatas abiertas y grasientas tiradas en el sofá, cual vestigio de una fiesta pretérita.

Estamos en la calle. Mat pasea sus legañas y Simón lleva colgando una mochila de Macdollar. El padre coge al hijo de la mano y se adentran en la boca del metro. Bajan las escaleras.
- Simón, debes saber una cosa. Tu madre es una cerda, una malvada, una cabezota, una pesada y… y… (Simón mira al histriónica padre) y una caprichosa. Eso, ya lo he dicho.
- ¿Tienes el currículum preparado? Debes encontrar trabajo…- prosigue Simón mientras introduce su billete en la ranura de rigor.
- ¿Curriqué? Monada, el que estudia latín aquí eres tú. Y estoy medio dormido…
- Ya ya ya- sentencia Simón mientras ve su metro acercarse. Abre su mochila y le entrega a su padre una carpeta con la cara de Macdollar. – Como sabía que no lo harías, ya lo he hecho yo por ti.
- Nivel alto de francés… ¿nivel medio de chino? ¿33 años? ¿qué es esto?- sigue Mat mientras hojea los folios.
- ¿Quieres encontrar trabajo o no? El chino es muy importante y en el mundo empresarial es vital…
- Aix… y mira que solo tienes diez años… ¿sabes que te quiero mucho, no, Simón?
- Sí. Pero tú encuentra trabajo. (El metro para y Simón se acerca a la puerta)
Mat se despide de Simón con la mano. El metro se va, el gentío se dispersa y el hombre se queda pensativo. Alguien le toca la espalda. Se gira y se queda alucinado: es Macdonald. Macdonald le da un papel en la mano, le regala su capa roja y pone su dedo índice en la boca, indicando a Mat que calle. Macdonald le guiña el ojo y se esfuma por arte de magia. Mat despliega el papel, se lo pone en el bolsillo de su camisa y se ríe.

Reaparece la voz narradora de Simón mientras oímos la música de Superman: Macdollar pasea cabizbajo por la urbe y la ciudad se viste de luto (a cámara rápida, vemos a Mat desnudo bailando en un after-hours, masturbándose en un cine porno sin gente y boxeando en un gimnasio mugriento). Pero ahora, cercano el día del Apocalipsis, sabe que tiene que cambiar… (volvemos a Mat, esta vez con su camisa hawaiana destrozada y tirando los restos de un mojito. Del bolsillo rescata el papel de antes, lo lee [MacParis CorPoration] y alza la mirada al imponente edificio que tiene delante. En lo alto de la mole de ladrillo, el cartel de ‘MacParis CorPoration’ luce pomposo).

Entra en el edificio. Mármol reluciente, gente entrajada, un silencio sepulcral. Mat, cual alien en planeta extraño, se dirige al mostrador. Anne trabaja como secretaria y observa con sus gafas de pasta como Mat se acerca a su reino de facturas y cafés de máquina.
- Hola Anne- dice Mat mientras lee el pequeño letrero que lleva la mujer enganchado en su americana.
- ¿Se ha perdido señor?- continúa Anne, mientras deja de escribir y se cuelga el lápiz en el pelo a modo de ganchito y moño.
- No, señorita. Tengo un regalo para usted- dice Mat mientras rescata de sus pantalones la carpeta con la cara de Macdollar. Anne observa la escena y se pone la mano en la frente temiéndose lo peor.
- ¿Macdollar?- vocaliza Anne con cierta indignación y asco.
Mat niega con la cabeza y abre la carpeta. Anne lo entiende todo al ver el currículum.
- Voilà- dice Mat con una risotada, como un mago provinciano.
- De acuerdo… cojo el currículum y ya se lo daré al director. Ya le llamaremos- habla Anne mientras, escondida, tira el papel dado en su papelera. Mat ríe y se va. Mat se para en mitad del corredor y vuelve a la mesa de Anne. La chica se asusta. Matt desliza sus brazos por la estructura, se despeina y modula la voz, intentando potenciar su atractivo descarado.
- Perdona, Anne. Me preguntaba a qué hora sales de trabajar. Si voy a trabajar aquí (desliza la mano hacia Anne) me gustaría saber (los dedos tocan la teta de Anne) qué horario tendré (Anne se ríe y se muerde el labio superior).

Minutos después, vemos a Anne y a Mat haciendo el amor de pié, escondidos en un baño blanco, impoluto, de diseño. Todo se mueve y Anne grita de placer. Mat, de rostro enfermizo, está concentrado en la rítmica conseguida. Mientras folla, Mat nos habla a cámara (‘ahora soy feliz, mi vida ya no es una comedia americana sin gracia, ¡¡¡me cooooooooorro!!!).

Mat sale del baño pletórico. Nota algo en su cabellera: es un paraguas de plástico, la decoración de un cubata ya digerido. Mat se rie. Vuelve a la sala donde están los hombres entrajados y les suelta: -¡¡Tengo la fuerza de Macdollar!!! De la emoción, Mat pierde la carpeta de su hijo, deja que la puerta corredera le deje en la calle y mire el reloj. –¡Mierda! Sabe que vuelve a llegar tarde…

Simón sale del colegio y, al adentrarse en el metro, observa cómo Mat corre como un desalmado hasta atraparle. Simón, extrañado, suelta una tremenda risotada cuando su padre, extasiado, cae en el asfalto.
Dentro del metro, Mat aparece semidesnudo: la única camisa que no había tirado ahora parece un estropajo sucio.
Ya en el piso del inicio, Simón pregunta qué hay para cenar y su padre le sorprende con una tortilla de patata precalentada. Simón aparta los deberes ya hechos y come.
Es tarde y Mat acompaña a Simón a su habitación. Al abrir la puerta, Mat observa el papel de pared de Macdollar, la colcha de Macdollar, los muñecos de Macdollar distribuidos estratégicamente por la cama y la colección de cómics de Macdollars. Simón se desnuda, se pone el pijama de Macdollar y se acomoda en la cama.
- Anda… léeme un cómic, papá.
- Ya eres mayorcito, renacuajo. Además, los cómics no se leen, no son libros…
Simón suplica con la mirada y Mat cede. Coge un cómic de la colección y lo hojea simulando interés…
- Lo que no entiendo es por qué Macdollar se emborracha en la ‘cantinadonald’ y no tiene fuerza… ¿Cómo puedes admirar a alguien así?
- Macdollar no ha perdido la fuerza, solo está solo. Desde que se fue Missdonald está deprimido. Aún está enamorado y no sabe que el hijo que tuvo con su amada, que ya ha crecido, lo busca. Y lo más flipante es que el hijo, Littlemacdollar, tiene el secreto para secar las calles de París y dejarlas sin agua.
- ¿Y por qué quiere dejar París sin agua?
- Porque, si consigue eliminar el agua de París, Pécora, que es medio pulpo, moriría; y, de esta forma, París volvería a recobrar la paz de siempre. Pero hay un problema: Ladybeau, la compañera de Macdollar, quiere matar a Missdollar para dominar la ciudad. Se ha aliado con Pécora y Macdollar no lo sabe…
- Menuda telenovela, pequeño. Basta de emociones y a dormir…
- ¿Mañana me comprarás el cómic de Macdollar que me falta? Es el último… es el día del apocalipsis…
- Lo que quieras. Para mí Macdollar es un mujeriego, un irresponsable, un impulsivo sin oficio ni beneficio…
- Macdollar tiene una herida por amor. Y tiene orgullo, la altanería del duro, el tesón de quien sabe que ya no podrá salvar al mundo, ni siquiera a sí mismo… y que no podrá volver a tener a la mujer que quiere.
- Eso lo entiendo…- dice Mat mientras se dirige hacia la puerta y cierra la luz.
- ¿Lo dices por mamá, verdad?- dice el niño mientras abraza un muñeco de su héroe.
- Anda, a dormir…-. Matt cierra la puerta…

Matt enciende la televisión. Tiene una cerveza en la mano. La depresión del superhéroe prosigue una noche más…

2.

Vemos a Simón con su pijama de Macdollar volando por las calles de París. Las calles están anegadas de agua. Contento, pasea con la compañía de la luna llena. Pécora, surgiendo de repente entre el infinito mar, hipnotiza a Simón y le dice: -Ven Littlemacdollar, ven Littlemacdollar…-. Su voz retumba, se torna grave, se distorsiona… y Simón se acerca a ella hasta ser engullido por el pulpo asesino.
Simón despierta de la pesadilla y vuelve a la realidad. Abre la persiana, se viste, coge la mochila y sale sigiloso del dormitorio. Se dirige a la habitación de su padre y encuentra el despertador roto y el ropero destrozado, la madera hecha trizas. La cama de agua se ha reventado y la sala está recubierta de moho. Simón abre los ojos como platos. Siguiendo los ronquidos de su padre, camina hasta el salón. La tele está abierta y, en ella, dos universitarias de rasgos asiáticos se masajean de forma provocativa. Simón suspira desesperado, retira las latas sin líquido, apaga la tele, tapa al borracho con una manta, friega la sala y almuerza. Mat, K.O., ni se inmuta.
Simón coge el metro solo y se dirige al colegio. La sirena anuncia las nueve de la mañana. La clase se levanta al entrar el maestro y los alumnos dicen al unísono: - ¡BONJOUR PROFESSEUR!
Asistimos al día a día de Simón a cámara rápida, todo acompañado por la voz narradora de Mat y la melodía de Star Wars:
LittleMacDollar busca a su padre para alertarle del peligro que está a punto de correr. No quiere que su padre sucumba a las malas artes de Ladybeau y, por ello, se dirige a París a toda prisa, venciendo al ejército malvado de Pécora (vemos a Simón pegando a un niño gordinflón en el patio del colegio), ayudando a los más necesitados (vemos a Simón ayudando a Camille, una niña de su clase, con unos deberes de matemáticas) y haciendo el trabajo que no puede hacer su padre (vemos cómo la maestra se acerca al pupitre de Simón y le entrega la corrección del examen. Un diez brilla en lo alto de la hoja. Simón mira a cámara, sonríe y alza el brazo en señal de victoria).
El día ha acabado y se encuentra con Camille a la salida. Simón le cuenta a la niña que tiene tiempo libre y esta la invita a su casa. Los dos juntos se dirigen al piso de Camille, donde está Lana, la hermana mayor de Camille. Simón pregunta donde está al baño y se encierra en el lavabo. Desde la ventana puede ver la fachada de MacParis CorPoration. Llama a su padre con el móvil a escondidas.
- Papá, estoy en casa de Camille. Ven a buscarme cuando puedas… No te oigo… ¿dónde estás?...-. Simón mira el teléfono. La conexión se ha cortado. Simón lleva su truco hasta las últimas consecuencias y pulsa la cadena del váter. Sale pensativo…

La tarde pasa, se está haciendo de noche y alguien llama a la casa. Lana abre la puerta y Mat, la visita, revisa la muchacha de arriba abajo. Anonadado, empieza a babear.
- ¿Quería algo?- pregunta Lana extrañada.
- Eh…sí…yo…soy… el padre de Simón- consigue decir entre titubeos, aún impresionado por el busto de la joven.
- ¡Ah! Pase pase…
Ya adentro, Mat se agacha, mira a Simón a los ojos y le entrega el último número de Macdollar, recién salido de imprenta. El niño empieza a saltar de alegría.
- Anda Simón… ve a leer el cómic con Camille. Ahora vuelvo…
Extrañado, los niños vuelven sus pasos hacia la habitación y abren el álbum. La lectura se ve interrumpida por un ruido que martillea la pared. Los niños enmudecen y posan sus orejas sobre el muro. Al otro lado, Mat y Lana brincan como caballos en la cama. La cosa se calienta y Simón se enrojece ante Camille. La niña se asusta…
Tras el ejercicio, Mat reaparece con la ropa destartalada. Su camisa no tiene botones. Los labios de Lana ya no presumen de pintalabios. Se produce un silencio incómodo, se despide y Simón baja las escaleras hasta la calle. Mat disimula.
- Lo sé, papá. No te hagas el tonto. Te he oído. Te hemos oído.
- Bueno… seguro que esto no lo haría Macdollar. Anda… lee…
Simón abre su mochila y saca una linterna. Con ella, mientras caminan hacia el metro, ilumina el papel y lee el cómic. Observa a Macdollar acostándose con Ladybeau en la viñeta. Mira a su padre y ríe cómplice.
- Lo que tú digas, papá, lo que tú digas.

3.
Estamos en la misma noche que antes. Ahora la voz narradora es la de Lana: LittleMacDollar se acerca a París (vemos a Simón y a Mat caminando por la calle, iluminados por las luces de las tiendas y las farolas; el niño sigue leyendo y en las viñetas vemos lo mismo que nos cuenta la voz narradora). Todo permanece en silencio, pero pronto sucederá al combate final. Pécora sale de su cueva de las profundidades marinas… se acerca la hora (en ese momento, la cámara enfoca a Anne, la chica del currículum, que está tomando una cerveza en una terraza cercana con una amiga suya). Ahora espiamos a las mujeres y oímos su conversación:
- Buena chica, ¿cómo te va con el psicólogo?- pregunta Anne a su compañera, que resultará ser Emma.
- Ay… no lo sé ni yo. Al principio decía que tenía estrés postraumático. ¡Qué te parece! Luego me dijo que era bipolar y ahora me ha dado unas pastillas muy extrañas. Son para la histeria congénita.- contesta Emma con aires exagerados, gesticulando en exceso y con aires de grandeza.
- Uy… o ese psicólogo es un timo o estás muy jodida. Quién lo iba a decir que te afectaría tanto la separaciónde ese imbécil…
- Si no lo conoces… se llama Matt.
- Como se llame, tía.
- Hija, qué sosa eres. Cuenta tú algo, que mis trastornos son muy aburridos…
- Pues ya que hablas de tíos, ayer encontré uno… de pe-lí-cu-la. No te digo más: ¡el polvo del siglo!
- Mírala, tan mojigata que parece. ¿Y cómo era? Yo desde lo de Matt que no…
- ¡Uy! Qué casualidad… ¡es ese hombre! ¿Ves al tío descamisado que camina con un niño? Pues es ese… no te miento… no le mires tanto que se notará, tía…
Emma no sale de su asombro: el hombre que señala es su exmarido. Llena de rabia, fiel a su locura, coge el bolso y corre.
- ¡Eh, morena! Si aún no he terminado-. Vé que Emma sigue corriendo sin hacerla caso. – Esta lo que necesita es un buen rabo. Menuda amiga… pues no pienso pagar la cuenta… pero por qué hablo sola…

Simón coge tenso la linterna y se queda quieto en la acera. Lee atento. -¡Ha llegado el Apocalipsis, papá! ¡Ya ha llegado!-. Mat no hace caso, pero se gira y observa a Emma que se avalancha sobre ellos como una tarada. – Ya lo creo: ¡el Apocalipsis! ¡A correr!- dice Mat mientras corre por la calle. Aparece recurrente las notas de Tiburón. Del estirón, la linterna cae al suelo y Simón sigue los pasos de su padre sin saber por qué. La carrera termina. El semáforo está rojo, padre e hijo no pueden cruzar la calle y Emma se acerca más y más. Mat está nervioso. Pasa un coche: es Lana. Se para en medio de la carretera y los demás vehículos empiezan a sonar sus cláxones de queja. –Salta- dice Lana a Simón-. –¡Salta!
Simón no entiende nada, pero acata la orden de Lana. De pronto, todo se transforma. El coche se transforma en una lancha. Las calles de París se llenan de agua y los edificios de antes se disipan, apareciendo otros de derruidos. Está en el París de MacDollar. Mira su cuerpo: lleva el traje característico de LittleMacDollar y Lana, que conduce la lancha (llena de luces, palancas y ordenadores parlantes), se ha convertido en MissDollar.
- ¡Hemos de salvar a tu padre, LittleMacDollar! Espero que no sea demasiado tarde…

Simón está saturado. Vé cómo Mat se convierte en MacDollar y cómo detrás de él está su madre Emma, ahora con la cara y los tentáculos de Pécora. Atrás observa otra figura en movimiento: Anne, la amiga de Emma y la amante de Mat, se ha convertido en Ladybeau y no quiere perderse la batalla final.
Pécora persigue a Macdonald, pero sus palabras son extrañas: -¡Te has acostado con Ladybeau, tontaina! Has cometido un error… ahora la ciudad es mía…
Macdonald toma el vuelo y Pécora, al alzar su tridente, logra que el cielo se llene de truenos, los mismos que desestabilizan el vuelo del héroe. La música de Spiderman lo acompaña.
- Ya sé- dice Simón en su traje de LittleMacDollar-. – LittleMacDollar era el único que sabía cómo salvar a su padre… ¡dame el cómic, Missdollar, rápido!-.
La mujer deja por un momento el panel de control del barco y, mientras sigue a Macdollar, acerca el cómic a Simón. LittleMacDollar revisa las páginas del cómic con suma rapidez. ¡Ya lo tengo!
Sin dudarlo, LittleMacDollar se tira al agua y empieza a nadar con el poco oxígeno que le queda. Oye a Missdollar gritar. LittleMacDollar observa las partes inundadas de París, la vida submarina que aguarda media ciudad a modo de tesoros. Se mezcla entre los peces y observa su objetivo: un tapón grande en lo más hondo del improvisado mar.
En la superficie, Macdollar no puede aguantar más. Está débil, los rayos que Pécora lanza con su tridente lo hieren y los truenos de la tormenta lo desestabilizan. Macdollar cae al mar. Pécora ríe malvada. Resigue el cuerpo de Macdollar y lo enrolla con sus tentáculos.
- Ya eres mío- sentencia Pécora, creyéndose vencedora.
Volvemos al fondo: LittleMacDollar ha conseguido quitar el tapón y el agua empieza a colarse por el nuevo orificio. Cual bañera, París empieza a zozobrar.
MissDollar no puede controlar la lancha: el agua está bajando y el aparato impacta contra un rascacielos a flote. Pécora se dispone a comer a Macdollar, pero ve aterrorizada cómo sus tentáculos pierden la compañía del dulce líquido. – ¡Y el agua!… ¡Noooo! ¡El agua!
Sin alimento, las extremidades de Pécora sueltan a Macdollar, que empieza a flotar. No reacciona: parece muerto. Pécora agoniza, ya no hay agua; LittleMacDollar vuelve a escena y la malvada, rabiosa al tocar el asfalto, empieza a desintegrarse. El peligro ha terminado… LittleMacDollar y MissDollar se funden en un abrazo. Macdollar empieza a toser: ha tragado mucha agua pero está vivo. Los tres se reúnen y aparece Ladybeau con su cámara de fotografías. La cámara hace ‘click’ y Ladybeau consigue entonar un: ¡qué pasa! LittleMacDollar no entiende nada. Vuelve a mirarse: vuelve a ser Simón.

Simón, Emma y Matt están dentro de la fuente de un parque. Simón alza la vista y reconoce el cruce donde se encontró con Lana. Emma está fuera de sí: pega a Matt y este no puede hacer más que toser agua. Lana surge del fondo de la fuente. Los cuatro, locos y empapados, observan como Anne saca de su bolso una cámara de fotos y retrata la ridícula escena.
- Anda tía, no es para tanto… no sabía que fuese tu marido… he de reconocer que tienes buen gusto…- dice Anne descarada mientras masca chicle.
- ¡Calla, puta! Y tú, y tú-. Emma está fuera de sí. Lana sale de la fuente muerta de miedo. Simón le sigue, Emma estira a Matt del pelo.
- ¡Emma, deja…déjame! Yo… te quiero…-suelta Matt.
Al oír tal confesión, Emma se queda paralizada.
- Desde que te has ido no he hecho más que beber y lamentarme por lo que hice. Cariño, te juro que he escarmentado… cambiaré de vida, lo prometo. Encontraré trabajo y seré un buen padre… yo…- Matt está nervioso y Emma está llorando.
De pronto, al romperse la represión, Emma y Matt se funden en un abrazo largo. Ambos se retozan, se morrean, se toquetean: la escena sube de tono y confirma la reconciliación. Anne, alucinada, prosigue su tarea de fotógrafa, y Simón, sosteniendo el cómic de MacDollar aguado, habla para sí mismo:
- ¿Por qué tendré a unos padres tan locos? Menuda cruz…
- Ni que lo digas- le sigue Lana, igual de anonadada. – Menos mal que usé condón…-.
Simón mira a Lana escandalizado.
- Nada, nada- intenta despistarlo Lana.
La escena prosigue. Los amantes siguen en la fuente y la cámara se levanta. París ya ha anochecido por completo, el tránsito sigue fluido y nos perdemos entre el cielo estrellado.

EPÍLOGO
Simón está en su habitación y deja el último tomo de las aventuras de MacDollar con el resto de la colección. Lee la última página del cómic: “A veces ser un buen padre es una tarea muy complicada, digna del mejor superhéroe. Todos, a nuestra manera, somos seres extraordinarios”. Simón sonríe contento y empieza a vestirse…
Matt despierta. Está en su habitación. EL despertador luce en su mesita, sin ninguna rotura. No se acuerda de lo ocurrido y resigue la habitación con sorpresa. El mueble ropero está en su sitio, el suelo está limpio y seco, no hay ninguna lata de cerveza por el medio y el sol brilla. Al girar la cara, se tumba boca arriba en la cama. El brazo de Emma, que duerme a su lado, juguetea con los pelos que Matt tiene en el pecho. Matt sonríe. Vuelve a ser feliz y, como siempre, como todos, intentará ser normal.
La cámara recoge el despertar de la pareja y se cuela por la ventana. Es sábado: París luce bella en primavera. Vemos a Camille y a Lana en el parque con la fuente de antes, todo flores y alegría. El travelling termina en la Torre Eiffel, que Matt observa desde su ventana. MacDollar, MissDollar y LittleMacDollar están felices en lo alto de la estructura. Las luces y cachivaches de la casa vuelven a funcionar. MacDollar saluda a Matt y este, desde su dormitorio, responde con un gesto con la mano. La cámara resigue la complicidad del momento y termina con una vista panorámica de París. El sol nos guiña el ojo. Vemos el libro que aparecía en el prólogo, y vemos la imagen reconvertida en viñeta. El comic se cierra. Aparecen los títulos de crédito.

TÍTULOS DE CRÉDITO
Oímos Holding out of a hero de Bonnie Tyler. Mientras pasan en vertical los títulos de crédito, vemos a los protagonistas entrar y salir por los extremos de la pantalla. Mat y Simón cantan con un lápiz a modo de micrófono mientras Ladybeau hace fotos. Vemos las fotos que se han hecho durante toda la película. Macdollar enseña músculos, se peina, sobrevuela las letras y besa a su amada. Pécora se deshace de su disfraz de pulpo y vemos a Catherine Renueve fumando con pipa. Los anillos de humo nublan la pantalla. El número acaba todos cantando, gritando, desatados. Poco a poco se disipan y desaparecen. Quedan los restos de una fiesta. Simón corre: se ha dejado el cómic de su ídolo en el suelo. La nada. Fin.

8 comentarios:

Juancii de Reyes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jose Barriga dijo...

Una obra original, acida, y sobretodo divertida. Le da un nuevo aire y un nuevo rumbo al festival. Que bien me lo he pasado leyendo esta Obra……. Impresionante. Felicidades Xavier Vidal has demostrado tu versatilidad.

Juancii de Reyes dijo...

elimine mi entrada al darle uan segunda leida... Cambio un poco.. no es la obra que me gusto pero si la mas original, o una de las mas originales.. Felicitaciones

albertaco dijo...

Excelente obra!!!Una historia original que aborda la cotidianidad de la vida, buscando el superhéroe que todos llevamos dentro. Para mi la obra más original y creativa de este Directed By. Magistarles personajes, Roger Príncep tiene muchas posibilidades de ser nominado como secundario...y decir que tiene una estructura argumental excelente, al igual que el original argumento y la acertada elección musical. Muy buena, te has superado con estas dos obras!!!!Muxas felicidades Xavier...este año creo que el premio de mejor obra es tuyo!!!!Suerte

Mariano Masci dijo...

Una obra original, divertida, accesible pero más que nada... perfectamente hilarante: con la dósis de humor ácido (hasta corrosivo) justo y medido con una escala y un tempo perfectos. Si bien no es mi obra favorita del certamen, creo que fue la que más me entretuvo.

Jorgee dijo...

Mejor que Underneath... y eso es mucho decir Xavier... me gustó mucho la verdad... y ya tenemos a la segura ganadora de mejor diseño argumental... muy original... Me gustó mucho el personaje de Princep y Deneuve jeje...

redna dijo...

Menuda obra jaja. Una idea fresca y divertidisima. Homenaje a la vida y crear historias. Solo queda felicitar a su autor.

ElChapa dijo...

A mi me parece genial! Mucha suerte Xavier Vidal, como siempre desde auí hacemos el aguante!

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