Segunda Obra: Amat

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Amat
Directed by Alvaro Casalino
Género: Fantasía/Drama/Comedia/Biográfica
Elenco:
Santiago Magill (Carlos Oquendo de Amat)
Sergio Galliani (Doctor Belisario Oquendo)
Gianfranco Brero (Manuel Beingolea)
Giovanni Ciccia (Xavier Abril)
Doug Jones (Capricho de Goya/ Doctor Leclerk/ Embozado)
Magali Solier (Aguedita)
Karina Calmet (Limeña)
Música:
Conjunto Fiesta Criolla - El Canto de Luis Pardo enlace

Jacques Offenbach – Barcarolle enlace

Wolfang Amadeus Mozart - The Magic Flute Overture (Tema principal) enlace

Johann Strauss - El murciélago enlace

Arie Malando - Ole Guapa enlace

Sinopsis:
Biografía surrealista inspirada en la vida del poeta peruano Carlos Oquendo de Amat, autor del libro “5 metros de poemas”. La película no intenta ser una biografía completamente apegada a la realidad, sino que busca explorar más que nada el mundo interior del poeta, con todos sus sueños, amores y demonios.

Argumento:

En un sombrío hospital, cuya tenebrosa atmósfera se asemeja a las pinturas negras de Goya, vemos que un hombre agoniza sobre una cama. A su lado, las monjas rezan y las enfermeras van de un lado a otro. Uno de los enfermos, con los brazos vendados, le observa, sentado en la cama contigua. Lo mira con mucha compasión, como lamentando no poder ayudarle. El hombre que agoniza delira, viendo a su alrededor figuras monstruosas, parecidas a los caprichos de Goya. El enfermo ve entonces un cuadro, colocado a un extremo de la habitación. Este cuadro representa a una casa, en medio del campo.

La escena tiene un carácter dulce y bucólico, completamente distinto a la realidad. Por un momento, el hombre parece ensimismado en la contemplación de la escena. Sorprendentemente, sonríe.
Entonces la cámara se acerca lentamente al cuadro. Oímos risas de niños. Vemos a un niño salir de la casa pintada, el cual empieza a correr y a jugar en el campo. Fundido en negro. Aparecen los créditos, que nos muestran numerosas fotografías que muestran escenas de la vida de principios del siglo XX, acompañadas por la Apertura de la Flauta mágica de Mozart. Al final, aparece una foto del poeta, y la palabra Amat aparece sobre un fondo blanco.

El enfermo agonizante aparece entonces en los pasillos de una mansión señorial. No camina, sino que parece flotar, deslizándose a través de ese lugar, como si se tratase de un sueño. Es de noche y llueve. Un perro ladra afuera de la casa, y un grupo de mujeres reza en la cocina. Un hombre vestido elegantemente camina de un lado a otro. El enfermo lo observa fijamente, pero el hombre parece no ser capaz de verle.
-No se preocupe, Belisario- le dice un hombre vestido de negro al hombre de traje elegante- Estoy seguro que todo va a salir bien.
-Cállese- Le responde Belisario, con frialdad. El hombre vestido de negro parece afectado, y va a sentarse al lado de un hombre exactamente igual a él (Incluso lleva el mismo traje) y con expresión de fastidio se pone en actitud de espera. El enfermo sonríe.
Aparecen al lado del enfermo un hombre viejo, con alas negras y una hoz en su mano. También aparece el hombre que le observaba con compasión en el hospital, con sus brazos sanos, y vestido como malabarista de circo. Invita al enfermo a entrar en la habitación afuera de la cual espera el doctor Belisario y los hombres vestidos como sepultureros. Los tres entran: Vemos que en la habitación una mujer está postrada en cama, a punto de dar a luz. Un grupo de mujeres la rodea, algunas rezan en voz alta, otras la asisten. Entre las mujeres está una niña que observa la escena con mucha atención. Por fin, la mujer deja de gritar, y la habitación queda en silencio. Las otras mujeres observan con mucha preocupación. El hombre alado de la guadaña saca de un saco un reloj de arena, el cual esta roto y comienza a perder arena con mucha rapidez. El malabarista sonríe y empieza a jugar con unas pequeñas esferas de cristal: No bien comienza su acto de malabarismo, se escucha el llanto de un bebé. Las mujeres parecen aliviadas. La niña no de mirar al bebé recién nacido, mientras que la madre, llorando de felicidad, le sonríe a su hijo. El enfermo se queda encismado, contemplando a la madre y a su hijo. El reloj de arena parece haberse reparado, y tanto el viejo como el malabarista desaparecen.

En ese momento el doctor Belisario entra a la habitación, fuera de sí de contento: Llevando a su hijo en brazos, anuncia que se llamará Carlos (“Carlos Oquendo de Amat” reafirma, categóricamente) y que será doctor, como su padre. La madre del niño asiente
La escena cambia: Ahora vemos la mansión desde el exterior, rodeada por un hermoso paisaje en la cual hay otras casas elegantes y hermosas. El lugar es Puno, a principios del siglo XX. La niña que había asistido al parto de la madre de Carlos, llamada Aguedita, está bañando al bebé, mientras canta con voz suave y melodiosa. En la cocina, la madre de Carlos y el doctor Belisario conversan con unas señoras. Una de ellas habla sobre la situación de Lima, en los años posteriores a la guerra del Pacífico. El doctor Oquendo habla entonces de las esperanzas que tiene puestas en su hijo. Está decidido a enviarla al extranjero, en donde estudiará para convertirse en un gran doctor. La sirvienta, la madre de Aguedita, deja caer por accidente una de las tazas mientras está limpiando la cocina, y Belisario comienza a insultarla, llamándola “serrana inútil.”
Aguedita, llevando al bebé en sus brazos, observa como su madre se queda callada ante los insultos. En la cocina, sentado entre los invitados, como un fantasma, está el enfermo. Ahora está vestido como el doctor Belisario. Parece estar completamente sano ahora.

Nuevamente pasa el tiempo. La madre de Aguedita sale al exterior de la casa, llamando al pequeño Carlos, quien permanece escondido en un rincón del jardín, observando como los demás sirvientes de la casa lo buscan. Cuando todos se han ido, se dedica a leer los libros que ha traído consigo. Uno de ellos es una vieja edición de “Las mil y una Noches”. Uno de los grabados llama mucho la atención del pequeño Carlos: Este representa a un bandido entrando en la alcoba de una princesa dormida.
El niño cierra los ojos e imagina toda la escena, la cual se materializa a su alrededor, cuando cierra los ojos.
-Te encontré- Dice una voz infantil, tocándole la nariz. Es Aguedita.
Carlos se queda mirándola sin decir nada. Los dos niños regresan a la casa, tomados de la mano. En los árboles, unos pajarillos picotean un pájaro hecho de barro que adorna el jardín.

En casa, el padre de Carlos le tironea de las orejas por haberse escondido durante las horas en las que estaba programada una de sus lecciones.
Las siguientes escenas muestran al pequeño Carlos, fastidiado por tener que ir a la escuela, luego en el salón de clases, en el que se la pasa haciendo dibujos de seres fabulosos y escribiendo pequeñas frases sueltas. También hace caricaturas burlonas de sus profesores y sus compañeros. Al final de la secuencia, el niño es tomado del brazo por su padre, quien toma uno de los poemas que estaba escribiendo y lo rompe.

Luego de encerrar al niño en su habitación, el doctor Belisario Oquendo conversa con su esposa sobre lo preocupado que está por la actitud de su hijo.

-Nunca llegará a ser alguien comportándose de esa forma. Es demasiado perezoso y estúpido.

-Eso no es verdad- le responde la madre de Carlos- Carlos es un artista: Hace poco me ha regalado unas hojas con dibujos y poemas. Nuestro hijo va a ser un gran poeta.
-¿Poeta?- El doctor Belisario parece estar indignado, se levanta de su asiento y se va- Sólo eso faltaría en esta familia.

El pequeño Carlos está llorando, encerrado en su habitación.
Entonces, el pájaro de barro que adornaba uno de los árboles del jardín, vuela hasta él. El niño deja de llorar e intenta atrapar a la extraña criatura, pero esta vuela hasta la ventana. Desde la ventana, Carlos observa a Aguedita, lavando la ropa, mientras canta. Aguedita se ha convertido en una hermosa adolescente, y también el pequeño Carlos se ha dado cuenta de esto, observándola, escondido detrás de las cortinas.
Con actitud resuelta, el niño toma unas hijas, y escribe, con letras enormes las siguientes palabras: “DESDE HOY SE PROHÍBE ESTAR TRISTE”
Aquella frase parece ser una nueva ley para EL NIÑO: En las siguientes escenas vemos como el niño sobrelleva la rutina con una actitud burlona, apoyándose con una gran imaginación. Personajes coloridos, de carácter burlesco y costumbrista desfilan a su alrededor, acaso conjurados por la imaginación de Carlos, el cual es un adolescente al final de esta secuencia.

Carlos y Aguedita están sentados en el jardín, sin decirse ni una palabra. Él la toma de la mano y ella lo mira con expresión de inseguridad. Carlos se imagina besándola, pero se siente inseguro y aparta la mano. Carlos cierra los ojos. Cuando los abre, lo vemos en medio de la ciudad de Lima, de las primeras décadas del siglo XX. La gente pasa a su alrededor, sin prestarle ninguna atención al joven delgado y largirucho que mira desconcertando a su alrededor, llevando una enorme maleta consigo.

A través de un flashback, vemos lo que ha ocurrido: En Puno, Carlos caminaba por una de las calles de la ciudad cerca del anochecer. Las calles están vacías, y al final de una de estas, aparece una anciana mendiga, envuelta en un manto negro. Esta le hace un gesto burlón al joven, que no deja de ser tenebroso. Carlos parece haber interpretado el gesto como una suerte de presagio, pues corre veloz hasta su casa, en donde encuentra a su madre llorando. Los dos gemelos vestidos de negro (Los que habían estado presentes en el nacimiento de Carlos Oquendo) anuncian, lúgubremente que tienen malas noticias que darle al joven.
La escena cambia: El doctor Belisario Oquendo está en un ataúd, y a su lado, están velándolo su esposa, sus sirvientes y su hijo. Las sirvientas y la madre de Carlos lloran sin consuelo, pero el joven permanece indiferente, como si se forzase a sí mismo a no llorar.
En la habitación contigua, en el suelo, está un reloj hecho trizas, cuyos pedazos están repartidos en el suelo.
Llegan al funeral unos señores de traje. La escena transcurre en forma fugaz; se da entender que el doctor Belisario Oquendo tenía numerosas deudas pendientes con estos señores. Toda la vida ostentosa que había mostrado hasta ese momento no era más que una pantalla, para encubrir su verdadera situación.
El flashback termina con el joven Amat con un enorme maletín en su mano. Le dice a su madre que se irá a Lima, a vivir con uno de sus tíos, Pues ha conseguido una beca para un internado en esa ciudad, en donde podrá terminar sus estudios y conseguir un trabajo. Le da un beso a su madre, pero no se atreve a despedirse de la joven Aguedita.
De vuelta en Lima, el joven se siente perdido en aquella gran ciudad; un grupo de hermosas jóvenes observan divertidas el asombro y el desconcierto de Amat. Muy avergonzado por esto, el joven les saluda y el grupo de chicas se ríen en forma más escandalosa aún. Pero Amat se encoge de hombros y sigue caminando por la ciudad, la cual luce hermosísima y moderna los ojos de Carlos.

Por fin, llega al edificio en donde viven sus tíos, quienes le reciben cordialmente. El primo de Carlos, Juan Oquendo, quien trabaja en una sala de cine le ofrece asistir a una función como parte de la bienvenida. La película que está siendo proyectada en ese día es “El caíd”, con Rodolfo Valentino como estrella principal.
Carlos, quien jamás había visto una película antes, se queda asombrado por las imágenes y la historia, las cuales parecen una recreación de todas sus fantasías infantiles. Nuevamente el joven deja volar su imaginación, y se imagina a sí mismo, como un jeque, y a su querida Aguedita, como la pareja de este, dándose por fin el beso que se atrevieron a darse aquel día.

Comienzan las clases de Amat en el Internado Nuestra Señora de Guadalupe. Pero el joven no se acostumbra a la rutina y a la severidad de los profesores. Además, los demás estudiantes le desprecian y se burlan de él, por haber venido de na provincia de la Sierra. Carlos elige ignorarlos. Comienza a ausentarse de las clases y a escaparse por las noches del internado. Empiezan los rumores sobre él: Los otros jóvenes dicen que Carlos Oquendo va de taberna en taberna, frecuentando lugares de mal vivir.

Amat camina por la ciudad, claramente ebrio. Incapaz de seguir caminando, se sienta en una escalinata de una casa. Un señor pasa a su lado, y le echa unas monedas. Estando aún ebrio, Amat se levanta y le grita al hombre que acaba de darle las monedas que él no es un mendigo.

Carlos Oquendo: (Con la bravuconería propia de un borracho) ¿Sabe quién soy yo? (El otro hombre le mira, entre divertido y extrañado) Soy el hijo del gran doctor… ¡Carlos Belisario Oquendo! ¡Soy Carlos Oquendo de Amat!
El otro hombre le hace una reverencia burlona y se presenta como Manuel Beingolea, para luego seguir su camino, sin dejar de reírse, dejando al joven Amata confundido y avergonzado
Al día siguiente, Carlos está en el cine, viendo otra película de Rodolfo Valentino. Su primo Juan se sienta a su lado, y le recuerda que no puede quedarse sin hacer nada por siempre

-Si no vas a trabajar, sigue estudiando al menos.

El joven Amat se deja convencer, pero pronto se aburre de la rutina y comienza a escribir algunas frases que parecen el comienzo de un poema. El profesor toma la hoja del cuaderno, hace un bollo con ella y la tira al piso, recordándole a Carlos que aún están en clase, aunque él lo haya olvidado.

Al término de las clases, Amat ve a un grupo de chicos, riéndose. Están leyendo la hoja con el poema escrito por Amat, en voz alta. Carlos le tira un puñetazo al lector y le quita la hoja con el poema.
Cuando los profesores van a pedirle cuentas, se dan cuenta de que Carlos ya no está más en su habitación. Ha dejado el internado para nunca más volver.

De vuelta en el cine, el primo le reprocha a Carlos el haber abandonado los estudios, pero él parece no escuchar nada de lo que dice, como si su mente estuviera en otro mundo. Toda su atención está centrada en el ecran, en la historia de la película que proyectan en el momento. Juan le recuerda que él no va a poder seguir escondiéndose de la realidad por siempre. Carlos está escribiendo unas frases en la hoja de papel en su mano.

Un hombre entra en el cine, y le llama la atención la expresión ensimismada del poeta mientras observa la película. También se da cuenta de que está escribiendo algo en una hoja. Al término de la película, el joven Amat sale del cien, sin ningún rumbo fijo. La hoja se le cae del bolsillo. El otro hombre la recoge y le sigue, recordándole que ha dejado caer una hoja de su bolsillo.

Amat: Quédesela. No tiene ningún valor.
Hombre: ¿Usted lo cree así? Para mí es muy valiosa. Hoy en día, todos quieren ser poetas. Pero pocos lo son de verdad. Y usted, amigo, es uno de esos pocos.

Luego de conversar unos instantes, el otro hombre se presenta como Enrique Peña Barrenechea, le invita a seguirlo hasta el Palais Concert un café en donde se reúnen los poetas e intelectuales más prominentes de Lima.
Alrededor de una mesa, un grupo de hombres y mujeres escuchan entusiasmados la lectura de un poema hecha por un joven: Es el poeta Xavier Abril, quien lee en voz alta uno de sus nuevos poemas, recibiendo aplausos y alabanzas. Junto a Xavier Abril, está Manuel Beingolea, el hombre que confundió a Carlos con un mendigo. Manuel sonríe en forma cómplice. Enrique pregunta si es que él ya conocía al joven Amat.

-Desde luego que lo conozco. Es el hijo del gran doctor Carlos Belisario Oquendo.
A pesar de la broma de Beingolea, él y el joven Amat se hacen amigos. Al final de la velada, todos los presentes quedan impresionados con el estilo innovador del joven poeta, ganándose un espacio en el círculo de intelectuales del Palais Concert.
Desde ese momento Beingolea se vuele una figura casi paternal para el joven poeta, el cual va constantemente a su casa. Beingolea no sólo revisa los poemas que Amat va escribiendo durante los meses, sino que además le presta dinero: Juan, el primo ha empezado a cobrarle la entrada al cine.
Aún así, Amat no parece tomarse muy en serio su situación, puesto que sigue pasándose los días frecuentando diferentes lugares de la ciudad, conformándose con escribir pequeñas colaboraciones en periódicos. Una mañana, mientras camina en la playa, se encuentra con un hombre de caricaturescas actitudes, que dice llamarse el Doctor Leclerk, quien afirma haber inventado la cura contra el mareo. Le entrega al joven Amat una pastilla de color turquesa y se aleja, canturreando alegremente, proclamando los triunfos y logros alcanzados en el siglo XX.

- El maravilloso siglo XX- Suspira Amat, burlonamente.
En la casa de Beingolea, el joven Amat ve como su viejo amigo parece estar enteramente dedicado a uno de sus escritos. Cuando Carlos le pregunta de que se trata su escrito, Beingolea le responde con cierto recelo que es una historia de amor.
Amat: (burlón) ¿Una historia de amor? Pero Manuel, el amor y el romanticismo son cosas que no tienen cabida en el siglo XX. Si quieres entrar en esta época, vas a tener que buscar nuevos temas, amigo mío.

Beingolea: ¿Me lo dices tú? No has escrito un solo libro en toda tu vida. Jamás piensas en el futuro. Tus poemas tal vez reciban reconocimiento por ahora, pero la fama es pasajera. Es mejor dejar algo que sí sea duradero.
Amat se ríe; desde el balcón ve a una hermosa joven vestida de azul; su presencia destaca en medio de todos.

Amat: (Sin dejar de mirar a la mujer) Quien sabe, Manuel. A lo mejor si hago caso de tus consejos.

La escena cambia: Vemos a Carlos, trabajando exhaustivamente en lo que parece su proyecto más ambicioso, su primer libro de poemas. Amat se deshace de numerosos borradores y escribe a máquina. El recuerdo de la hermosa limeña vuelve él mientras escribe.

Amat no tiene dinero para pagar sus gastos mientras está escribiendo el libro, por lo que tiene que pedirle dinero a Manuel Beingolea. Se queda esperándolo toda la noche, en la puerta del café cercano al lugar de trabajo de Beingolea. Al momento en que se encuentran, Amat le saluda alegremente. Beingolea suspira, con resignación. De su casa, trae una caja con comida y se la da a su amigo, recordándole que él no va a poder mantenerlo por siempre y que debe buscar un trabajo. Saca una libreta azul, en la que lleva apuntado sus gastos mensuales.
Manuel: Te la voy a leer: Los gastos de la casa; 300 soles. Ropa, 100 soles. Lavado, 25 soles. Putas, 80 soles. (Haciendo énfasis) Carlos Oquendo, 195 soles. Yo gano 650 soles., de modo que tengo que robar 50 soles para cubrir mi presupuesto, y además tengo que gorrear el tranvía para movilizarse. Como tú comprenderás, hay que resolver esta clamorosa situación. Tu comida será de ahora en delante de una franciscana frugalidad.
Amat: (falsete) Eres injusto Manuel. Pero no me dejas más alternativa y no tengo más remedio que aceptar.
Manuel: Fuera de bromas, Carlos. Por más que yo quiera, no viviré para siempre y ¿Qué harás entonces? Tienes que trabajar, tomarte la vida más en serio. Tienes que cambiar.
Amat: Las cosas van a cambiar. Y yo sí me tomo la vida en serio: Verás, he estado escribiendo mi primer libro en estos días…Va ser un éxito. No te arrepentirás de haberme ayudado.
Manuel: Aunque fuera un fracaso, no me arrepentiría…Pero necesitas algo más que soñar para lograr algo en la vida.
Amat: Al contrario: No necesito más que soñar para lograr mi triunfo.

Una vez el libro está terminado, Amat solicita dinero a sus amigos para publicarlo: Gracias al apoyo de Xavier Abril y Enrique Barrenechea, se realiza una curiosa pre- venta, por parte del nervioso poeta, pero el libro se vuelve un éxito, consiguiendo de esta forma el dinero necesario para la publicación oficial de su obra “5 metros de poemas”.

La narración sigue a partir de este momento el mundo interior del poeta: Amat camina a través de un escenario fantasioso que imita las calles de Lima de principios del siglo XX. También las personas llevan máscaras y trajes extraños. En el cine, se anuncia el estreno de una nueva película, “una obra surreal, auténtica y única” que no es otra que “5 metros de poemas”.
En la pantalla, el poema “Nueva York” (enlace) es recreado como una comedia al estilo Chaplin en donde Amat es un vagabundo que se enamora de una hermosa aristócrata, pero el joven Amat es perseguido por unos policías (representados por los alumnos del internado que dejó, siendo el más burlón de ellos el esposo de la limeña aristócrata) El relato termina con una intervención fantástica de Rodolfo Valentino, quien ayuda a los dos jóvenes amantes a huir hasta Arabia. Amat sonríe satisfecho al ver la escena del beso final.

De vuelta a la realidad, Amat es alabado por su obra en el Palais Concert, recibiendo la felicitación de numerosos poetas y escritores. Carlos parece fuera de sí de felicidad al ver que uno de esos admiradores es la hermosa limeña con la que había fantaseado desde el primer momento en que la vio desde el balcón de la casa de Beingolea. Pero nuevamente se decepciona al ver que la hermosa limeña vestida de azul está acompañada por un hombre que resulta ser su esposo. Este es uno de los alumnos del colegio Nuestra Señora de Guadalupe, quien parece muy avergonzado de haberse burlado del joven poeta.

Amat recibe las alabanzas de su admiradora, pero está profundamente desilusionado. Nadie parece advertir su tristeza, sin embargo.
Beingolea apoya la mano sobre el hombro de su amigo.

Manuel: Deberías estar feliz. Has logrado mucho más que yo en mucho menos tiempo.
Amat: ¿Tú crees, Manuel? ¿Crees que es gran cosa lo que yo he hecho?
En ese momento llega Enrique Barrenechea. Luego de felicitar a Amat, invita a los presentes a acompañarlo hasta la casa del director de la revista “Amauta”, José Carlos Mariátegui. Xavier Abril se entusiasma mucho, mencionando las charlas sobre marxismo que Mariátegui suele dar en su casa a los jóvenes.
Oquendo acepta ir, más por no tener nada que hacer que por verdadero convencimiento. Manuel Beingolea no va con ellos (Dice que está muy viejo para meterse en ese tipo de cosas)
En la casa de Mariátegui, están reunidos un grupo de jóvenes, algunos son estudiantes, otros poetas. Mariátegui, en silla de ruedas, da una breve charla sobre “El Capital” de Marx. Todos parecen impresionados por las palabras del anfitrión, con excepción del joven Amat, quien escucha todo el discurso con absoluta indiferencia.
Al final de la charla, Xavier Abril se muestra impresionado por el discurso de Mariátegui. Está muy atraído por la idea de una “revolución” e “igualdad de clases.”
Amat: (con sorna) ¿Entonces los poetas dejarán la pluma para coger el fusil?
Enrique:(muy serio) No te rías, Carlos. Esto es algo serio.
Xavier Abril: Muy serio.
Amat:(suspira, con fastidio) Sí…Mucho me temo que el siglo XX va a ser mucho más serio de lo que yo pensé.

En los meses siguientes, parece que Amat sí ha tomado interés por las charlas de Mariátegui, llegando a ser nombrado en poco tiempo el nuevo director de la revista Amauta por el propio Mariátegui.
Beingolea no acaba de creérselo, y va donde Amat a preguntarle si es que en verdad él cree en la ideología que predica.

Amat:(sarcástico) Desde luego Manuel. ¿Crees que estaría aquí de otra forma?
Manuel:(fastidiado) Mira, no sé a que estés jugando… ¡Pero ya estoy cansado de esa actitud infantil tuya! No hay nada más que yo pueda hacer por ti. ¡Arréglatelas solo!

A pesar de dar claras muestras de activismo político, Amat sigue buscando refugio en los cafés y lugares de entretenimiento nocturnos. Una noche, reunido con amigos y admiradores se autocalifica como un “completo imbécil.”
Amat ha recibido una carta hace poco: En esta se le comunica la muerte de su madre.

Aunque esto le ha afectado profundamente, sigue con sus actividades de propaganda marxista, de forma mucho más abierta que antes, como provocando a las autoridades. Esto le lleva a ser encerrado en el penal El Frontón, en el Callao. En prisión, el poeta sueña caminar en un pasadizo lleno de espejos, cuyas paredes se hacen más y más estrechas conforme va avanzando. Por fin, el poeta se siente desfallecer y se queda sentado en el suelo, volviendo a la realidad.
Amat es llevado por el oficial de policía, Mier y Terán. Este le desprecia, llamándolo un “vulgar agitador”. Con frialdad, le advierte su condición de reincidente y le da a escoger entre seguir con sus “absurdas” prédicas y volver a la cárcel o el exilio.
Oquendo le sonríe al oficial en forma despectiva. Este se enfurece. Parece que va a golpear al joven poeta. Pero en la siguiente escena Amat está en la casa de Manuel Beingolea con Xavier Abril y Enrique Barrenechea. Manuel Beingolea permanece cruzado de brazos.

Beingolea: Entonces...Elegiste irte a Panamá, así, sin más.
Amat: Tuve que hacerlo. Aquí, en esta ciudad no hay nada para mí.
Biengolea: ¿Y qué crees que te espera en el extranjero? Si Lima es demasiado para ti… ¿Cómo te las arreglarás en un país extranjero?
Amat: Yo ya veré que hago. De todas formas, no tengo muchas opciones que elegir.
(Manuel Beingolea parece a punto de decir algo, pero Enrique Barrenechea le detiene.)
En la siguiente escena Carlos está en una embarcación, con rumbo a Panamá.Se le ve muy enfermo y comienza a toser.
En Lima se tejen los más absurdos rumores sobre él: Algunos dicen que está en Costa Rica, otros que está en México. Beingolea se aparta de la gente que conversa estas cosas con la más absoluta ligereza: No quiere verles ni oírles.
Beingolea encuentra entre las cosas dejadas por el poeta el cartel que dibujó en su niñez, con el mensaje “SE PROHÍBE ESTAR TRISTE”.

En el canal de Panamá, Carlos es obligado a desembarcar y es interrogado por unos oficiales de policía. Son seres oscuros, a quienes no se les puede ver el rostro. Interrogan a Amat. Es un interrogatorio kafkiano, absurdo y humillante.
Es encerrado en una celda luego de haber sido confundido con un prófugo de la justicia.
Por la noche, Amat ve una soga descender desde la ventana de su celda, y un joven vestido de árabe baja por ella. Le explica que ha habido un error y que deben irse de allí cuanto antes.
-¿Te ha enviado el caíd?- pregunta Amat, quien parece haber perdido toda conexión con la realidad.
El joven queda desconcertado con la pregunta, pero prepara la huida de Amat, quien se imagina encontrarse en una fortaleza árabe, siendo atacado por los guardias del palacio con flechas. El joven y Amat montan luego en dos caballos sobre los cuales viajan hasta un palacio, en el cual Amat se encuentra con una hermosa mujer, ella parece ser la mezcla de Aguedita y de su amor platónico, la limeña vestida de azul.
Amat despierta en un tren, que va hacia París. A través de la ventana ve un hermoso paisaje. Se ve a sí mismo, de niño, en medio del campo. El poeta se frota los ojos, el niño ha desaparecido. A los ojos del poeta, París parece un lugar irreal, de ensueño, como si fuese una pintura de Renoir.
Pronto las ilusiones se disipan, y Amat es enviado a la embajada Peruana en Francia. El ministro Francisco García Calderón le dice que en ese país no hay lugar para “personas con su ideología.”
Calderón: ¿Quiere un consejo? Vaya a España: Allá piensan como usted. (Carlos está pálido. Comienza a toser con fuerza. El ministro parece indiferente.) Puede que en su país usted sea alguien famoso, no lo dudo, pero aquí en París… ¿Quién es? Sólo un extranjero más, sin rostro, ni familiares conocidos…La fama es una cosa relativa, pasajera… ¿Recuerdas amigo?
Amat alza la vista. Manuel Beingolea está frente a él, sentado en el escritorio del ministro.

Amat despierta, esta vez en un tren con rumbo a España. Está muy pálido y delgado. En la estación comienza a toser con fuerza: Su pañuelo está manchado de sangre. En el momento en el que ve la sangre, aparece en la estación un embozado, él cual le invita a seguirle.
En la ciudad hay un fuerte clima de tensión, adivinándose la proximidad de la Guerra Civil.
Carlos se hospeda con los integrantes del partido comunista español. La fiebre le hace alucinar: Cree ver a la anciana mendiga con la que se encontró en Puno el mismo día que su padre murió. Luego a sus ojos, las personas cambian, volviéndose monstruos, parecidos a los caprichos de Goya. Amat se desmaya, para luego despertar en un sombrío hospital. Se le ha diagnosticado tuberculosis. Su único amigo en el hospital es un enfermo con los brazos vendados, que solía dedicarse al malabarismo hasta que un accidente le dejó con los brazos inutilizables. A su alrededor, la gente llora y reza. Se habla de guerra, de fusilamientos y de muerte. Hay miedo en las caras de los enfermos.
Los personajes de su fantasía aparecen en el hospital, mezclados con la realidad.
También es visitado por sus amigos, aunque en forma imaginaria.
Al lado de su cama hay un reloj de arena, que se rompe y la arena se esparce por el piso. Se escuchan tiroteos y ruidos de estallidos, a lo lejos. Todos en el hospital están aterrados. Al tercer estallido, el más violento y que sacude el hospital, como un temblor, Amat muere. Antes de morir, pide a su amigo el malabarista que se acerque: Sus últimas palabras son “La prohibición queda rota.”
El malabarista agacha la cabeza. Un cura se persigna. Llegan los integrantes del partido al hospital, vestidos de luto. Colocan al poeta en un cajón muy parecido a en el que fue enterrado el padre de Carlos. Todos los amigos del poeta, reales o imaginarios, están reunidos alrededor de la tumba del poeta, vestidos con trajes negros. (Excepto el malabarista, que está vestido como payaso y con los brazos sanos) El sacerdote que preside el entierro es Mariátegui. Pero en vez de Biblia, tiene uno de los libros de Karl Marx.
El poeta es enterrado, en una tumba sencillísima, discreta. La lápida ni siquiera tiene nombre.
Uno a uno, las personas se van. Los últimos en irse son Manuel Beingolea y el malabarista.
Cuando la tumba queda sola, el propio Amat aparece detrás de un árbol, llevando una flor en la mano, la cual deja sobre la tumba.
Se arrodilla enfrente de su propia tumba y comienza a escarbar la tierra. De la tumba extrae una pequeña bailarina de cuerda: Es Aguedita, con un vestido azul.
Amat la contempla ensimismado durante unos instantes. Nervioso, la esconde en su bolsillo y se va lejos.
La cámara se va acercando a la tumba. De la tierra removida surgen pequeñas flores, parecidas a rosas. Fundido en negro. En la pantalla, aparece escrito “Amat” con letras blancas, acompañado por un fragmento del poema “Compañera”:

Cuando tú me decías
la vida es derecha como un papel de cartas
y yo regaba la rosa de tu cabellera sobre tus hombros
por eso y por la magnolia de tu canto
qué pena
la lluvia cae desigual como tu nombre

1923


Notas del director:

  • La película usará enteramente efectos y escenarios reales, sin uso de efectos digitales. La única excepción será el pájaro de barro, animado en stop-motion.
  • Las escenas ocurren en el orden en que son narradas.
  • El Amat de la película no es una representación enteramente fiel del verdadero: El de la película se une a una causa política por un desengaño, mientras que el verdadero si estaba fuertemente comprometido por su causa. Algunos hechos, personajes y situaciones fueron cambiados o añadidos para completar una visión muy personal de la vida de este poeta.
  • “Barcarolle” de Offenbach se escucha cuando Amat camina por las calles de Lima por primera vez, también cuando observa a la limeña vestida de azul.

6 comentarios:

Mariano Masci dijo...

"Amat" representa la transición de las obras de Alvaro Casalino de la animación al drama, la realidad. El resultado es excelente, siendo al día de la fecha la obra más acertada de este oiriginal director. Sin duda la veremos nominada en varias categorías, lo que me parece más que justo para este sobrecogedor trabajo narrativo. La banda sonora y la estructura argumental vienen siendo las mejores en lo que va del festival...

albertaco dijo...

Muy interesante biografía de Carlos Oquendo de Amat, Un juego entre la fantasía y la realidad muy acertado. Excelente la recreación histórica y la elección musical. Mucha suerte!!!!!!

Jorgee dijo...

A mi parecer la obra más original y creativa de todas las obras desde el primer directed by!

Felicidades Álvaro!

Jose Barriga dijo...

Una obra Folklórica y artesanal…. Un pintoresco y merecido homenaje al poeta Carlos Oquendo de Amat, cuyo gozo se centra en una obra muy original pero fiel a la vida del poeta. Felicidades Alvaro por un perfecto equilibrio.

Xavier Vidal dijo...

La mejor obra de Alvaro. Un biopic inusual. Perfecto principio y final. Lidia con temas muy difíciles y una trama densa, pero el director lo resuelve con poesía y aplomo. Una sorpresa.

George dijo...

Homenajeando a un gran poeta Álvaro hace poesía. ¿Existiría otra forma de hacer este reconocimiento? Yo creo que no.¡ Excelente y brillante como el resto de sus trabajos. George Fumo

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